domingo, 23 de marzo de 2025

El pasado nazi de los Thyssen

Fritz Thyssen era el responsable de una importante parte de la industria siderúrgica de Alemania en los inicios del NSDAP. En "Yo pagué a Hitler" describe como llegó a subvencionar con un millón de marcos al que después sería el dictador de Alemania.

El motivo de esta ayuda era el miedo al comunismo que se encontraba, por entonces, en plena expansión y las consecuencias del Tratado de Versalles. Thyssen era de la opinión de que era un gran error político que Alemania se comprometió a cumplir y sabían que cumplirlo era imposible. Al igual que los nazis, consideraba que el tratado era una horrible ofensa para el honor nacional y "el veneno que había hecho enfermar a su país y más tarde a toda Europa".

La adhesión del magnate alemán al nacionalsocialismo comenzó cuando conoció a Hitler en casa de un nacionalsocialista de primera hora, el doctor Max E. von Scheubner y habló largo y tendido con Hitler sobre el daño que hacía el Tratado de Versalles a los empresarios alemanes y sobre el peligro del comunismo. Ambos compartían la misma opinión.

En 1931 se unió al partido nazi como un modo de seguir la lucha, que le parecía cada vez más inútil, de resistencia pasiva en los territorios ocupados de la cuenca del Ruhr y el Rin. Poco después, fue nombrado representante del NSDAP ante la Asociación de Industriales Alemanes, de los que obtuvo seis millones de marcos para el partido.

Aprovechando su posición, se dirigió por carta al Presidente Paul von Hindemburg para pedirle que nombrase canciller a Hitler. Su trabajo para la causa nacionalsocialista llevaron a Hitler a pedir a Hermann Göring, entonces primer ministro de Prusia, que nombrase a Thyssen consejero de Estado con carácter vitalicio.

A partir de la purga de "la noche de los cuchillos largos" las dudas empiezan a crecer en Fritz Thyssen. Aunque despidió a todos los judíos que trabajaban para él, protestó por las acciones de la Kristallnacht (Noche de los Cristales Rotos) contra los comercios judíos y se negó a votar las Leyes de Núremberg adoptadas en septiembre de 1935 durante el séptimo congreso anual del NSDAP. También se quejó de que los principales esfuerzos económicos se dirigieran a reforzar el ejército en lugar de revitalizar seriamente la economía alemana.

Lo que realmente cambió a Thyssen fue el pacto que Alemania firmó con la Unión Soviética de Stalin. Se sintió traicionado por Hitler, al que decidió apoyar fundamentalmente por su anticomunismo. Además, el pacto significaba la guerra, lo que chocaba con sus creencias y tradiciones católicas protestantes. Se quejó a Göring de que la guerra haría a Alemania dependiente de Rusia respecto a las materias primas, con lo que "Alemania renunciaría así a su posición de potencia mundial". Para Hitler eso fue la "gota que colmó el vaso" de su paciencia y ordenó que se le retiraran el pasaporte y que la Gestapo le confiscase todas sus posesiones.

Mientras estaba en Bélgica visitando a su madre, lo arrestaron y lo llevaron al campo de concentración de Sachsenhausen como "prisionero honorable" privilegiado (Ehrenhäftling). En la primavera de 1945, pasó por los campos de concentración de Buchenwald y Dachau hasta llegar al Tirol del Sur, donde fue liberado por las tropas estadounidenses pocos días antes del final de la guerra. En 1941, mientras se encontraba prisionero, se publicó "Yo Pagué a Hitler", una especie de autobiografía, pero escrita por Emery Reves, basándose parcialmente en las memorias que le dictó Thyssen, aunque con partes inventadas por Reves.

Finalizada la contienda, en su proceso de desnazificación alegó que no financió a los nazis desde 1938 y que no usó mano de obra esclava, ya que desde 1939 había sido declarado "Enemigo del Reich". Fue condenado a pagar una sanción económica de medio millón de marcos como compensación a los judíos que despidió para poder recuperar sus empresas que fusionaría con Krupp en 1999, creando Thyssenkrupp. Krupp fue la industria más importante de armamento durante el III Reich.

Siempre se arrepintió de entregarse a Hitler y sus secuaces: "Hitler me engañó a mí, lo mismo que engañó al pueblo alemán y a todos los hombres de buena voluntad".

"Yo pagué a Hitler" ha sido editado en español por Editorial Renacimiento.

Para saber más:
Yo pagué a Hitler, de Fritz Tyssen
Vanitatis
ABC
German History Docs
Vanity Fair

domingo, 9 de marzo de 2025

Las Rochambelles

Entre 1943 y 1945, un grupo de conductoras de ambulancias y sanitarias, creado en Nueva York en mayo de 1943, participaron en la Segunda Guerra Mundial formando parte de la 2ª División Blindada de la Francia libre (2e DB). 

Las Rochambelles
Su creadora fue Florence Conrad, una rica estadounidense, que vivió en Francia hasta 1941. Ya durante la Gran Guerra fue enfermera voluntaria y estuvo en casi todos los frentes. Al comenzar el conflicto, en 1939 trabajó en la organización para salvar las obras de arte del Louvre, abrió comedores para los soldados franceses en el frente, creó un servicio de ambulancia y coordinó un sistema de correo entre los soldados presos en Alemania y sus familias. Cuando la Gestapo se le acercó peligrosamente tuvo que volver a Nueva York. Tras el desembarco aliado en el norte de África, en 1942, se puso manos a la obra para crear un grupo de ambulancias formado por mujeres que pudieran ayudar en la liberación de Francia. Contactando con diversas asociaciones y clubes universitarios consiguió reclutar a unas cuantas mujeres y hacerse con 19 ambulancias Dodge WC54. Tras muchos esfuerzos logró que su grupo, formado inicialmente por 14 mujeres, se integrara en las Fuerzas Francesas Libres en julio de 1943. A Conrad se le concede el rango de comandante y su segunda, Suzanne Torres, el grado de teniente. Llegaron a ser 60 y se las conocía por su lugar de alistamiento: las americanas, marroquíes, inglesas y las francesas.

Las Rochambelles
Para pertenecer al Ejército galo debían tener un nombre francés que fuera fácilmente reconocible. Primero pensaron en La Fayette, pero se descartó, ya que durante la Primera Guerra Mundial lo usó un escuadrón aéreo de voluntarios, así que decidieron usar el nombre de un héroe francés de la Independencia Americana y la Revolución francesa: el Conde de Rochambeau. Así pasaron a ser el grupo de Rochambeau. 

En septiembre de 1943, partieron de Nueva York a Camp David Henry, en Virginia, donde hicieron instrucción básica, aprendieron mecánica, primeros auxilios y embarcaron en el transatlántico Pasteur. Tras 11 días de travesía, llegaron a Casablanca, en Marruecos, donde se instalaron y aprendieron a conducir las pesadas ambulancias Dodge. Durante su estancia se les unen nuevas reclutas que habían huido con sus familias de Francia al comienzo de la guerra. Desde Marruecos, Conrad y Torres se dirigieron a Argel, donde el general Koenig estaba organizando un ejército destinado a reconquistar el continente europeo, y consiguieron incorporarse a la 2ª División Blindada del general Leclerc, en octubre de 1943, como parte del 3.er grupo táctico. Con unas pocas excepciones, como Conrad, todas son francesas y apenas superan los 20 años. 

Las Rochambelles
Las Rochambelles fueron la primera unidad femenina integrada en una división blindada en el frente occidental durante la Segunda Guerra Mundial y sirvieron en la primera Compañía, el 13.º Batallón médico trabajando integradas en las unidades de combate de la 2e DB, quedando cada ambulancia destinada a una unidad específica. La noche del 6 de agosto, pocos días después de su llegada a las costas de Normandía, recibieron su bautismo de fuego cuando su campamento fue atacado por la Luftwaffe. Una de ellas resultó herida y otra desapareció. A los lugares a los que las ambulancias no podían llegar o estaban demasiado expuestas, al carecer de blindaje, el trabajo lo realizaban los Half-Tracks del Batallón médico. También solían circular de noche, sin iluminación alguna, para recoger o trasladar a los heridos a los hospitales de retaguardia. 

Las Rochambelles
Al principio, eran vistas con hostilidad por parte de los hombres que no querían mujeres en sus filas, pero las Rochambelle se ganaron su respeto. Primero en Argelia, donde los soldados franceses comenzaron a referirse a ellas como "nuestras hijas" y después cuando demostraron su valor en medio de los combates. Auxiliaron a los soldados heridos bajo la lluvia, el barro y el duro invierno, y soportando las mismas condiciones de combate que los soldados. Las mujeres que formaron parte de esta unidad de sanitarias recibieron la Medalla Militar, concedida inicialmente a suboficiales y soldados, y muchas también fueron condecoradas con la Cruz de Guerra. Diez de ellas seguirán a Leclerc hasta Indochina.

Las Marinettes
A la 2e DB, también se unió otro pequeño grupo de mujeres, las Marinettes. Su historia comienza en el norte de Argelia, en Assi Ben Okba, donde la antigua voluntaria de la Cruz Roja, Jacqueline Carsignol, buscaba voluntarias para atender a los heridos de la 2e DB. Tras embarcarse en el buque hospital Canadá, conoció a Cécile de Jerphanion, que más tarde en la jefa del grupo y poco después encontraron a otras 7 mujeres. Pertenecientes a la Marina, las Marinettes formaron parte del Regimiento Blindado de Fusileros Marinos (RBFM) pertenecientes al 1.er grupo táctico. En el 2º las funciones las realizaban los hombres de "Los Cuaqueros". A diferencia de las Rochambelles, ninguna de las 9 Marinettes fue víctima de la guerra.

Otro grupo de féminas que formaron parte del ejército francés fueron las Merlinettes, que se encontraban a las órdenes del general Merlin y estuvieron en Italia y el sur de Francia. 

domingo, 23 de febrero de 2025

Las SA de Hitler

Desde que aparecieron en 1921 como unas secciones deportivas del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP) hasta que en 1934 sufriera su descabezamiento en la dramática "Noche de los Cuchillos Largos", las SA o Secciones de Asalto tuvieron un papel fundamental en el ascenso de Adolf Hitler al poder en Alemania.

Las SA de Hitler
Desarrollaron rangos paramilitares que fueron adoptados posteriormente por las SS y sus ocupaciones eran diversas: repartían folletos y octavillas, pegaban carteles, vendían la prensa del partido, recaudaban fondos y afiliaban a simpatizantes, desfilaban por las calles al son de las bandas de música militar o auxiliaban a sus camaradas desamparados en comedores sociales o con alojamiento. Las SA regentaban los Sturmlokale, una red de bares y cervecerías que servía a su vez de sede de la organización. Pero además eran tremendamente violentos, atacaban a los judíos y reventaban los actos de los partidos contrincantes, en especial los comunistas, y les daban palizas. También se encargaban de la seguridad en sus propios actos políticos.

Las SA de HitlerSu violencia en muchas ocasiones era contestada por sus rivales en un clima violento próximo en ocasiones a la guerra civil. Tanto es así que más de 400 SA perdieron la vida en las calles. Esta situación llevó a la dirección del partido a sufragar un seguro colectivo para sus miembros.

Las SA atrajeron a millones de hombres sin rumbo en una Alemania hundida por el paro. Aun así, sus miembros pagaban de su bolsillo hasta el uniforme. Una parte notable de sus miembros tenían pasado comunista, por ese motivo se decía de las SA que eran como un filete; "pardo por fuera y rojo por dentro" debido al color de sus uniformes y a su pasado político. Pero a todos ellos le unía un elemento común: su fascinación por la violencia, de hecho su consigna favorita era "nos pegamos a lo grande".

Las SA de Hitler
Hitler con Röhm (1933)
Su trabajo, dedicado en cuerpo y alma al partido, fue muy mal "pagado". De ahí su anhelada "Segunda Revolución", que le costará la cabeza a sus dirigentes tras la toma del poder de Hitler, con su líder Ernst Röhm en primer lugar. Röhm quería que el ejército del Reich se integrara dentro de las SA, por lo que Himmler y Heydrich redactaron un informe falso, que presentaron ante Hitler, donde aseguraban que Röhm pretendía usar a sus SA contra el Führer. Detenido el 30 de junio de 1934 en el Hotel Hanselbauer en Bad Wiessee fue confinado en la prisión de Stadelheim donde dos miembros del SD (servicio de inteligencia de las SS) lo mataron a balazos.

Las SA siguieron existiendo, aunque sin apenas relevancia; la mayor parte de sus miembros pasó a las SS. Sorprendentemente, el mismísimo Himmler defendió la misma posición de reemplazar a la Wehrmacht por las SS una vez acabara la guerra.

Para saber más:
Nazis a pie de calle, de Jesús Casquete
Historia virtual del Holocausto
Spartacus educational
Vivir Diario
Mundo SGM