Realizar estos convoyes por el Ártico suponían soportar condiciones muy duras. En invierno el clima era atroz, violentos temporales con tempestades de nieve y la noche eterna; en verano, debido a que había luz permanente, los convoyes eran acosados por aviones, barcos y submarinos alemanes que partían desde bases en la Noruega ocupada y en varias ocasiones se tuvieron que suspender los viajes. Al principio algunos mandos navales dudaban de que los convoyes pudieran llegar a su destino. Pero el primero de los convoyes denominados PQ, para el viaje de ida y para el viaje de ida y QP para el de vuelta seguido del número de orden, que partió de Islandia en 1941, llegó intacto al puerto de Árcangel diez días después.

A pesar de los casi 3000 marinos británicos muertos en estos convoyes, estos jugaron un papel de vital importancia en la supervivencia de la ciudad de Leningrado (San Petersburgo) que sufrió un terrible asedio de casi 900 días, desde el 8 de septiembre de 1941 hasta el 27 de enero de 1944. Ya retirado el sitio a la ciudad, los convoyes continuaron debido a su valor estratégico y simbólico.
Extracto de la novela Mar Cruel de Nicholas Monsarrat, superviviente de los convoyes:
El frío está en todas partes, dentro de los barcos como fuera; no se llega nunca a entrar en calor. Hemos tenido que retirar con palas toneladas de nieve y descongelar los mecanismos de los cañones una docena de veces con chorros de vapor...Para saber más:
Uno de los marineros se quitó los guantes para abrir una caja de munición. La piel de toda la palma de una mano quedó pegada al metal como un medio guante sanguinolento.
Mar Cruel, de Nicholas Monsarrat
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