
La adhesión del magnate alemán al nacionalsocialismo comenzó cuando conoció a Hitler en casa de un nacionalsocialista de primera hora, el doctor Max E. von Scheubner y habló largo y tendido con Hitler sobre el daño que hacía el Tratado de Versalles a los empresarios alemanes y sobre el peligro del comunismo. Ambos compartían la misma opinión.
En 1931 se unió al partido nazi como un modo de seguir la lucha, que le parecía cada vez más inútil, de resistencia pasiva en los territorios ocupados de la cuenca del Ruhr y el Rin. Poco después, fue nombrado representante del NSDAP ante la Asociación de Industriales Alemanes, de los que obtuvo seis millones de marcos para el partido.

A partir de la purga de "la noche de los cuchillos largos" las dudas empiezan a crecer en Fritz Thyssen. Aunque despidió a todos los judíos que trabajaban para él, protestó por las acciones de la Kristallnacht (Noche de los Cristales Rotos) contra los comercios judíos y se negó a votar las Leyes de Núremberg adoptadas en septiembre de 1935 durante el séptimo congreso anual del NSDAP. También se quejó de que los principales esfuerzos económicos se dirigieran a reforzar el ejército en lugar de revitalizar seriamente la economía alemana.
Lo que realmente cambió a Thyssen fue el pacto que Alemania firmó con la Unión Soviética de Stalin. Se sintió traicionado por Hitler, al que decidió apoyar fundamentalmente por su anticomunismo. Además, el pacto significaba la guerra, lo que chocaba con sus creencias y tradiciones católicas protestantes. Se quejó a Göring de que la guerra haría a Alemania dependiente de Rusia respecto a las materias primas, con lo que "Alemania renunciaría así a su posición de potencia mundial". Para Hitler eso fue la "gota que colmó el vaso" de su paciencia y ordenó que se le retiraran el pasaporte y que la Gestapo le confiscase todas sus posesiones.

Finalizada la contienda, en su proceso de desnazificación alegó que no financió a los nazis desde 1938 y que no usó mano de obra esclava, ya que desde 1939 había sido declarado "Enemigo del Reich". Fue condenado a pagar una sanción económica de medio millón de marcos como compensación a los judíos que despidió para poder recuperar sus empresas que fusionaría con Krupp en 1999, creando Thyssenkrupp. Krupp fue la industria más importante de armamento durante el III Reich.
Siempre se arrepintió de entregarse a Hitler y sus secuaces: "Hitler me engañó a mí, lo mismo que engañó al pueblo alemán y a todos los hombres de buena voluntad".
"Yo pagué a Hitler" ha sido editado en español por Editorial Renacimiento.
Para saber más:
Yo pagué a Hitler, de Fritz Tyssen
Vanitatis
ABC
German History Docs
Vanity Fair
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